Los meses de abril y mayo son poco amigables en el fútbol. Se confirman o se ponen en duda los caminos elegidos por los equipos que protagonizan los grandes partidos de estos días. Si pierdes debes cambiar radicalmente lo que venías haciendo, propiciando un giro de ciento ochenta grados que “garantice” el éxito en el curso que comenzará en agosto. De lo contrario, si ganas, seguramente te convertirás en el nuevo paradigma futbolístico. En cualquier caso, eso de darse un tiempo para el estudio y la meditación es cuestión de utopías que no entienden que hay que vender y vender.
El Bayern de Múnich vapuleó al F.C. Barcelona y la histeria hizo su aparición triunfal. No quiero decir con esto que el club catalán pase por alto su errático proceder en esta temporada, pero lo que no debe permitirse es que la ansiedad determine los pasos a seguir, porque después de respirar hondo un par de minutos, cualquier hijo de vecino se dará cuenta que este equipo seguirá contando, como pilares para el futuro inmediato, con Andrés Iniesta, Lionel Messi, Sergio Busquets y Gerard Piqué, lo que debe traducirse en la continuidad de su filosofía con las variantes que la evolución necesaria exija.
Por ejemplo: la posesión de la pelota no es una forma de jugar. No se engañe mi querido amigo, Pep Guardiola, el líder de un equipo que nadie olvidará, la tuvo como una de las armas para poder llegar al fin deseado: ganar y dominar. Pero el catalán no llegó al Barça con la obsesión de tener el balón durante el 70% de cada partido. Su intención fue encontrar un modelo de juego, una idea y un método de trabajo que fuesen exitosos a partir de la comprensión y la complicidad del grupo que estaba por comandar.
La titularidad de pelota era el arma que rápidamente identificó como necesaria – poseerla es sinónimo de que tu rival no la tiene – para atacar y defenderse. Pero reitero, era una consecuencia que nace del entendimiento de las fuerzas y las debilidades del equipo, no un empeño ni una creencia dogmática. Se trataba de una posesión planificada, estudiada, voluntaria y con un fin definido, es decir, el dominio de la herramienta de trabajo era la mejor forma que tenía – y tiene – este Barça para jugar al fútbol y contrarrestar las virtudes de los rivales.
Ahora bien, la evolución debe ser entendida y aceptada por todos, ya que desde tiempos muy lejanos se nos enseña que minuto a minuto se van produciendo cambios, algunos de ellos impulsados por la voluntad del hombre y otros por la naturaleza misma de la vida; podemos verlos, sentirlos o simplemente ignorarlos, pero la evolución no es una opción, es una realidad y no se activa o desactiva por nuestros caprichos. El movimiento constante caracteriza al mundo desde que este es mundo, y para ello basta recordar al filósofo griego Heráclito y su esclarecedora frase: “en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”.
Una de las grandes lecciones que ofreció Pep Guardiola, para quienes decidieron ahondar en el comportamiento de su equipo y no quedarse atontados por el resplandor de los triunfos, fue que cada temporada, o cada semana, introducía pequeñas modificaciones que convertían a ese “previsible” conjunto en una especie de menú casi indescifrable para los rivales y para el público. Recordarlo no es el propósito de esta columna, pero sí es necesario señalar que, a pesar de la creencia popular, los futbolistas nunca dejaron de aprender y representar guiones diferentes. Armas, opciones, variantes que se fueron sumando en el camino para complementar a la posesión y la presión que caracterizaron a aquel Barcelona, pero que jamás fueron las únicas maneras de jugar.
Los jugadores antes mencionados poseen unas cualidades que condicionan el modelo de juego. Por ello, más allá de las vueltas de tuerca necesarias para intentar volver a la excelencia, hay que reflexionar y tener mucha paciencia para que el árbol que significa el cromo de moda no termine por empañar la visión del bosque. Los equipos jugarán según las cualidades de sus integrantes, atentar contra esa máxima sólo producirá derrotas y frustración.
En momentos en los que la ansiedad se constituye como protagonista y ejerce su papel de mala e interesada consejera, bien vale la pena repasar lo que se hizo bien en un pasado no tan distante y compararlo con lo que se ha construido en los últimos tiempos. Aprender de nuestros errores y rechazar soluciones mágicas es el primer paso para abrazar la madurez que se necesita para recomponer cualquier accidente que se produzca en el camino.
Columna escrita el 26 de abril de 2.013 para www.masliga.com
Caracas F. C. no es un equipo cualquiera en Venezuela. Su condición de club con más campeonatos obtenidos lo coloca siempre en las primeras páginas, pero su afán para adiestrar nuevos talentos es lo que más resalta en un fútbol en el que el debate entre ganar y formar se hace cada vez más fuerte. Son muchas las instituciones que muestran un tímido interés en constituir sus categorías inferiores con planes a largo plazo, pero luego de un par de años sin títulos, el proyecto de juveniles pasa a mejor vida. Educar, guiar y orientar no son actividades que traigan consigo fama o dinero; por el contrario, requieren mucha dedicación, sacrificio y silencio.
Ese trabajo en las categorías menores tiene además otro condicionante: hay que ser un enamorado del oficio. Muchos de quienes ocupan los cargos de entrenadores en esos equipos sienten que su éxito no pasa por educar a los futbolistas que tienen bajo su mando, sino por la cantidad de victorias que puedan acumular, sacrificando así los procesos formativos con tal de ganar algo de nombre que los acerque a su meta original: entrenar un equipo profesional. Por ello, ser formador es una de las tareas más importantes de todas, ya que sólo unos pocos tienen las capacidades y el cariño para dedicarse enteramente a ella.
El Barcelona ha sido, durante los años recientes, el ejemplo a seguir por el resto del mundo futbolístico. Ha mezclado de manera magistral la compra de valores externos con los jugadores que iban pidiendo paso desde sus equipos inferiores. Hoy, el equipo catalán sufre de lo que Martí Perarnau ha definido como el atascamiento del ascensor que comunica al Barça con su versión filial, lo que puede traer como consecuencia la pérdida de valores que no encuentran la motivación necesaria para continuar su evolución. Si usted reconoce que sus superiores nunca lo tendrán en cuenta para tareas mayores, es casi seguro que su dedicación al trabajo disminuirá, por lo que su rendimiento será cada vez más cuestionable.
En Venezuela el ejemplo ha sido el Caracas F. C. Con talento formado en sus equipos y jugadores que se sumaban a ellos para continuar la búsqueda del equilibrio perfecto entre cantera e importados, el conjunto de la familia Valentiner tenía en Noel Sanvicente el perfecto ascensorista: los nóveles jugadores subían al primer equipo con la tranquilidad de que el entrenador los colocaba poco a poco, para que fuesen ellos quienes se ganaran su propio espacio, sin mayor presión que demostrar sus cualidades, hasta que luego de un par de años se tomaba la decisión acerca de la permanencia o no en la institución de esos jóvenes.
Ejemplos claros de esa gestión fueron Ronald Vargas, Alejandro Guerra, Oswaldo Vizcarrondo, Andrés Rouga, Edgar Jiménez, Ever Espinoza, Javier Toyo, Edder Pérez, Jorge Casanova, Giovanni Romero, Alexánder González, Yaquino Celli, Fernando Aristeguieta, Roberto Rosales, Turquito Ramírez, Johnny Mirabal, Marlon Bastardo, Rómulo Otero, Kike García, Anthony Uribe, Chispa Briceño o Ely Valderrey, entre otros. Con mayor o menor cuota de protagonismo, estos futbolistas se montaron en el elevador capitalino para quedarse en el primer equipo o, en su defecto, sumar experiencias que luego les ayudarían a hacer vida en otros conjuntos de primera división.
Con la salida de Sanvicente, la directiva decidió –aconsejada por lo que denominaron “alianzas estratégicas”– acelerar los tiempos del fútbol, como si el tiempo fuese manipulable al antojo del hombre. Hoy en día muchos futbolistas han llegado al profesional pero pocos han logrado consolidarse como indiscutibles. Ceferino Bencomo, entrenador del primer equipo, ha asumido esta postura como institucional dejando a un lado la paciencia necesaria para superar etapas en la vida y exponiéndose a sí mismo como el portavoz y responsable de una estrategia que no es suya, pero de la cual es partícipe.
Tres años después, los números y la realidad nos permiten concluir que el ciclo actual no ha mejorado las prestaciones de Sanvicente, y hasta se podría sospechar que ha empeorado lo que dejó el actual DT del Zamora. Caracas sigue contando con muchos jóvenes –algunos de ellos conforman las selecciones sub-20 y sub-17 del país– que llegan a la institución gracias a una muy buena red de veedores que le proporciona la oportunidad de sumar talentos a sus categorías menores, pero la necesidad de la directiva por vender jugadores –Caracas es un equipo de capital privado, de los pocos que no cuenta con apoyos gubernamentales– ha hecho que chicos que no están preparados (futbolísticamente, emocionalmente o psicológicamente) jueguen un par de partidos en primera división para luego perderse en las tristezas que ofrece la angustia y el desespero.
Para contar con deportistas cualificados hay que entrenarlos y guiarlos, ofrecerles herramientas para que sepan y puedan tomar las mejores decisiones dentro del campo y fuera de él. De nada le servirá a un equipo contar con un futbolista extraordinariamente talentoso si éste no entiende la importancia del colectivo o si fuera del campo decide llevar una vida desordenada rodeada de vicios y tentaciones. Y ahí es donde la conducción debe ser cada vez más profunda y dedicada: no se puede formar buenos jugadores que sean malas personas, hay que pensar en el ser humano como un todo y orientarlo desde ese punto de partida. Así y sólo así podrá Caracas retomar la senda que le permitirá vivir de la venta de jugadores y al mismo tiempo celebrar la competitividad de una institución que, a pesar de los errores, continúe siendo el modelo a seguir en Venezuela.
Columna publicada el 25 de abril de 2.013 en www.martiperarnau.com

Le voy a hacer una confesión mi estimado lector: cada día leo menos prensa deportiva. Prefiero enterarme de nuestra realidad al abrir el cuerpo de noticias internacionales de cualquier periódico antes que entrar a valorar ese triste foro de rumores auspiciados por agentes de jugadores. No crea que me produce algún tipo de alegría leer acerca del presente en Siria, por ejemplo, pero por lo menos son líneas e informaciones más sinceras de las cuales se puede aprender más respecto de la condición humana que leyendo acerca de la posible nueva contratación del F.C. Barcelona.
Es en el período comprendido entre los meses de Abril y Agosto en el que se incrementa esa conducta por parte de los representantes de futbolistas. Puede que sin darnos cuenta demos por hecho el fichaje de seis o siete jugadores para un equipo – me mantengo con el ejemplo del club catalán – que se precia de darle importancia a sus divisiones inferiores. Entonces es muy posible que nos ilusionen los nombres y por ende, nos alejemos de la realidad. Usted sabe, la ficción muchas veces supera a la realidad.
Tomemos el caso del brasileño Neymar como ejemplo. Me da la impresión de que hay un Neymar para todos los gustos. Cada uno de nosotros nos hemos dejado llevar por alguna de las actuaciones del maravilloso jugador amazónico y ese ha sido el punto de partida para que lo imaginemos en el equipo que más nos guste. ¿A quien, en un sano estado mental, no le gustaría contar con semejante talento? Da la impresión de que a Sandro Rosell, presidente del Barcelona, hay que ubicarlo en el grupo de personas estables.
Soy enfático al afirmar que no me genera confianza la llegada de este chico al club catalán. No desconozco las capacidades del hasta ahora jugador del Santos de Brasil, pero me niego a reducir las posibilidades de triunfo de un individuo a las cuotas de talento que posee, ya que creo que un ser humano no es sólo un grupo de cualidades, sino también sus dudas, sus miedos, sus amistades, su familia, sus costumbres y muchos otros elementos condicionantes que componen la cotidianidad de cada quien. ¡Hasta perdernos nuestro show favorito de tv influye en nuestro día!
Neymar es un fantástico talento de aquellos que sólo aparecen una vez en cada generación. Es el relevo de Ronaldinho, que a su vez tomó el testigo de Rivaldo y Ronaldo, éstos de Romario, etc., etc. Al igual que la gran mayoría de ellos, tiene en su haber las características típicas de muchos brasileros: alegría, despreocupación y cierto aire bohemio que no encuentra justificación en un fútbol tan profesionalizado que es capaz de rechazar el gusto por el juego. Neymar es fiel representante de estas peculiaridades, para bien y para mal.
Su aparición coincide con dos situaciones muy difíciles de manejar: su selección lo tiene como líder futbolístico y su país lo ha convertido en el atractivo principal del campeonato mundial que está por organizar. Un coctel explosivo en una sociedad que no entiende de segundos lugares, menos cuando es ella quien organiza la fiesta. Por ello, cada paso que da el joven amazónico es ofrecido a los medios como un evento imperdible del nuevo mesías del fútbol brasilero sin que importe realmente cómo y a qué juega este futbolista.
Para continuar con un guión casi perfecto, Rosell parece empeñado en dinamitar el frágil equilibrio que ha logrado el vestuario barcelonista con tal de llevarse el cromo de moda. Entiéndase bien, Neymar es un extraordinario jugador de fútbol, pero, ¿necesita el equipo blaugrana los servicios de este jugador? O mejor aún: ¿su presencia solucionaría los principales problemas que ha mostrado el equipo de Tito Vilanova?
Barcelona no necesita a Neymar, y mucho menos al circo que acompaña al jugador paulista. No va a ofrecer respuestas a las incógnitas futbolísticas de este conjunto y su presencia en ese vestuario sería similar a la de un elefante en una cristalería. El comienzo del fin del equilibrio podría manifestarse en un jugador que aún necesita mucho apoyo y contención – Gerard Deulofeu – y que con la llegada del brasilero podría encontrar el camino hacia la Siberia futbolística que ya recorrió otro gran talento de la cantera blaugrana: Gio Dos Santos.
La lección dejada por el Real Madrid de los “galácticos” es que coleccionar egos puede ser un hobby muy peligroso, especialmente en el caso de un equipo que se ha construido en base a la humildad, el trabajo y la discreción. Pero ya sabemos de qué va esto, así que no dude que a pesar de las sugerencias más calificadas, el Barcelona decida jugar a la ruleta rusa con la contratación del más reciente heredero futbolístico de Pelé.
Ay, el equilibrio, tanto que lo buscamos y cuando lo encontramos, al carajo lo mandamos
Columna publicada en www.masliga.com el viernes 12 de Abril de 2.013


Lionel Messi hoy fue el Pirata Roberts.
Hay una vieja película llamada The Princess Bride (La princesa prometida) que cuenta la historia de un amor casi imposible entre dos chicos de pueblo. Tiene una trama magnífica que mezcla la comedia, el suspenso y mucha ficción, además del gancho infalible que proporciona la lucha entre el bien y el mal.
Con Cary Elwes y la hermosísima Robin Wright como protagonistas, este film dirigido por Rob Reiner nos hace navegar por un sinfín de emociones; nos ayuda a rememorar el valor de una buena historia y nos recuerda que para las buenas causas siempre existirá una ventana a la esperanza, siempre que realmente nos empeñemos en buscarla.
Convertido en el más temido de los piratas, Westley (Elwes), tras un bizarro proceso de resurrección, planifica el asalto al palacio del Rey para así impedir el matrimonio entre este y la princesa (Wright). Ya que nadie lo conoce, cualquiera podría hacerse pasar por él. Para este fin cuenta con la ayuda de uno de sus aliados, Andre el gigante, quien vestido de negro y con la sola ayuda de su grave voz causa la espantada de los mercenarios reales que se apostaban a la puerta del castillo.
La clave de todo esto es la estrategia utilizada para dominar al rival. Los guardias, conocedores de la leyenda del Pirata Roberts, son víctimas del pánico que les genera su figura y abandonan la lucha sin siquiera haber iniciado el combate. La leyenda del implacable pirata es superior a su figura.
Con las mismas debilidades que el personaje de Elwes, el diez culé supo generar el caos en el equipo francés que bien pudo haberse llevado el premio de pasar a semifinales. Pero vista la cara de Lionel, no fue su juego sino su leyenda la encargada de empequeñecer al equipo de Ancelotti.
Porque ante el PSG Messi no jugó de Messi, simplemente fue el Pirata Roberts
Foto cortesía de www.goal.com
En el camino siempre encontrarás obstáculos, pero a su lado también divisarás posibilidades y soluciones. Por ello es que el recorrido es mucho más rico que el resultado.
Tomar una decisión, aceptar lo que venga con ella y seguir adelante es el mayor de los triunfos…
Nuestro tiempo es el de la euforia y la histeria. Con lo bueno y lo malo. Pero es la precocidad la mayor característica de esta época. Vivimos apurados, no “tenemos tiempo” y cuando alguna actividad nos obliga a volver a la paciencia, inmediatamente la rechazamos o cuando menos la miramos de reojo.
Estos son también los tiempos del fútbol. Existe una oferta extraordinaria de partidos en la televisión y en internet. Termina un juego en España e inmediatamente volteamos para observar uno en Inglaterra. Luego pegamos el salto para ver uno de fútbol venezolano y finalizar con alguno de Argentina. Cuando todo este maratón finaliza, cambiamos de canal para sintonizar el noticiario y no perdernos los goles y los resultados que complementen lo observado durante el día. Pero, ¿nos damos el espacio y el tiempo para la reflexión? ¿O, alimentados por la ansiedad, repetimos frases que escuchamos en alguna de las transmisiones y que nos hacen sentir cómodos?
No sé si en algún momento nos hemos planteado qué es el fútbol. Hay muchas y extraordinarias definiciones, como por ejemplo aquella en la que Dante Panzeri lo describe como “el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y como concepción de juego es la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista”. Puede que todas ellas apelen a una emergencia más académica que sentimental, sin abandonar la noción de que nos referimos a una actividad humana, en la que están involucrados sentimientos y sensaciones que en la mayoría de los casos no podemos ni siquiera identificar.
El fútbol es una ocupación que nos ofrece una ventana a nuestra infancia, a lo más puro del espíritu humano; una etapa en la que, por ejemplo, para forjar una amistad sólo es necesario compartir el gusto por algo tan sencillo como una camiseta o un caramelo; una vez aceptado, este nuevo aliado se convierte en alguien que nos entiende, que comparte con nosotros, pero sobre todo, en un compañero de alegrías y tristezas.
A medida que vamos acumulando experiencias en esta travesía que es la vida nos convertimos en seres cínicos, desconfiados, mentirosos y apurados. No hay tiempo para entablar nuevas amistades, y cuando alguien se nos acerca sospechamos de sus intenciones. Es aquí donde el fútbol evidencia lo mejor de nuestra esencia. Porque, al igual que el gusto por el caramelo o la camiseta, nuestra fascinación por este juego se basa justo en eso, en la superación, así sea por un par de horas, de todo aquello que nos va nublando la existencia a medida que pasan los años y que sólo una actividad tan hermosa como este deporte está en capacidad de reafirmar aquellas viejas emociones.
Cuando jugamos asumimos de manera inmediata que quienes integran nuestro equipo son parte de una nueva familia; sabemos que nos cuidamos los unos a los otros y que cualquier discusión será pasajera, porque al fin y al cabo es la familia el único espacio donde nos sentimos arropados y protegidos. En esos minutos de juego no pensamos en singular sino en plural, somos parte de un colectivo y los momentos de euforia sólo serán tales si benefician a ese grupo que integramos. No es una postura, es lo que muchos definen como sentido de pertenencia.
Cuando vemos fútbol el sentimiento es aún más fuerte, porque quienes están en nuestro bando son nuestro apoyo durante noventa minutos, pero a ellos se le suman los jugadores, esos que no conocemos personalmente pero que son nuestros, es decir, son familia. Y creo que aquí llego al quid de la cuestión: el fútbol nos gusta porque derrumba las barreras que vamos construyendo a través de los años y nos remite a tiempos en los que sólo nos dedicábamos a sentir y a vivir, sin miedos, prejuicios ni cronómetros.
Por ello es que no me atrevo a acercarme a las extraordinarias definiciones que se han hecho de este juego. Panzeri, Eduardo Galeano, Martí Perarnau, Diego Latorre, Laureano Ruiz, Óscar Cano, Albert Camus… todos ellos con la importancia que merecen y la jerarquía que usted decida otorgarles, han definido esta actividad de maneras y formas que yo no soy capaz.
Mi única intención es que recordemos las sensaciones y las imágenes que conforman este juego e invitarlo a pensar y darse usted el tiempo de hacer su propia reflexión, que al fin y al cabo será tan o mas importante que cualquiera, porque será producto de eso que perdemos con los años y que tanta falta nos hace: el amor por el juego.
Publicada en www.martiperarnau.com 07/04/2013

“¿Qué es un rebelde? Un hombre que dice no”. Albert Camus
Soy un gran defensor de la rebeldía. Es una cualidad que admiro por encima de muchas otras que seguramente tienen mejor reputación. He tratado de ubicarla en cada una de mis relaciones (amigos, novias) y sin duda ha pesado para que esas amistades y esos amores se mantengan hasta el día de hoy.
El origen de mi fascinación está en mis propios errores. Verá amigo mío, uno en este camino que es la vida va construyendo su propia historia, y cada conducta tiene sus consecuencias. Una parte del aprendizaje es entender nuestras equivocaciones para no repetirlas más; una evolución que debe estar influenciada por esa indomabilidad que se hace necesaria para levantarnos, sacudirnos el polvo y continuar nuestra ruta.
La conducta que describo se está haciendo presente en el fútbol venezolano esta temporada. La lógica, la historia y el nivel de inversión hacían prever que los candidatos al título del torneo Clausura serían los sospechosos habituales, me refiero a Caracas, Táchira, Lara y Mineros, todos con grandes nóminas. Pero el fútbol, manifestación humana en la que la insurrección tiene un importante grado de influencia, sigue siendo, hasta donde me alcanzan la paciencia y la memoria, una perfecta muestra de que “lo espontáneo no puede ser planificado”.
Quienes han tomado el puesto de esos equipos en la pelea por el trofeo tienen realidades distintas - hay quienes aún suponen que la complejidad es una teoría sin sentido - pero con algunos hilos conductores que hacen que sus procesos sean similares. Son organizaciones normalmente señaladas como humildes, por la ausencia de grandes nombres en sus nóminas y que han apostado al trabajo a largo plazo para conseguir metas que para otros son sólo cuestión de dinero.
Zamora F.C. es hoy una nueva consagración para Noel Sanvicente. Su historia está marcada por ser el entrenador venezolano con más trofeos - ganados todos con el Caracas F.C. – lo que no ha impedido que su trayectoria con el Real Esppor y el Zamora sea una perfecta representación de rebeldía. Con un presupuesto ajustado, sin cancha propia donde entrenar y con jugadores de menor renombre para la prensa, sus equipos, en cada una de sus versiones, han sido fieles representantes del buen juego. Su idea de juego depende de los futbolistas, y en todos los casos ha logrado que, apoyado en las cualidades de sus dirigidos, sus equipos generen más ocasiones de gol que ningún otro.
Deportivo Anzoátegui vivió días de incertidumbre. Luego de las elecciones regionales del pasado diciembre, su futuro dependía del estado de ánimo del nuevo gobernador. Además, sufrió el éxodo de seis integrantes de la plantilla de mucha importancia para la consecución del torneo Apertura y la Copa Venezuela, quienes, junto al anterior entrenador, se embarcaron en la aventura que les proponía el Deportivo Táchira. Sin contrataciones de importancia, Juvencio Betancourt, actual conductor del equipo, ha mantenido la competitividad del grupo y reforzado algunos aspectos para lograr que hoy este equipo esté segundo en la tabla, con dos partidos menos, y la posibilidad en sus manos de salir campeón absoluto del país.
Por último está el caso de Trujillanos. Al igual que los dos equipos anteriores, el conjunto conocido como “Los guerreros de la montaña” depende en demasía del apoyo del gobierno regional y por ello sufrió la misma sensación de inseguridad que el Anzoátegui. Leo González, segundo entrenador del equipo pero en funciones de primero por los problemas de salud de Pedro Vera, logró que el mismo se dedicara a entrenar y jugar mientras se solucionaban los inconvenientes económicos que dejaron al grupo sin cobrar sus honorarios durante los meses de Noviembre y Diciembre.
Expuestos los tres ejemplos, es hora de volver a la rebeldía. No es una conducta que tenga que ver con gritos, groserías, amenazas o pedidos de respeto. Simplemente se trata de vivir la capacidad para derrotar los obstáculos, superar la tentación de rendirse y actuar, sí, actuar frente a la adversidad y no dejar que ella suponga el final del camino. Es una parte fundamental del espíritu humano decidir su propio destino y levantarse en contra de las órdenes mal fundadas que intentan definir el porvenir de cada quien.
La figura de James Dean ha sido siempre asociada al proceder contestatario que motiva este artículo. El nombre de una de sus películas – Rebelde sin causa – lo etiquetó para la eternidad, pero fue su vida y su voluntad para conseguir sus metas lo que realmente definieron su rebeldía. Esa que hoy muestran los equipos venezolanos que antes mencionaba y que debe servirnos de ejemplo para jamás adoptar posiciones de borregos ante la adversidad y la injusticia. Por ello no me queda duda, ¡James Dean jugó al fútbol!
“Busca la satisfacción en lo que haces, no en el resultado”. James Dean
Foto cortesía de www.liderendeportes.com
Columna publicada en www.masliga.com el 05 de abril de 2.013