
“El equipo deberá ser un mecanismo no mecánico, en que el pensamiento creativo debe estar siempre presente, en el momento de decidir, en ese momento único para el cual no existe ecuación, una previsibilidad incalculable”. Carvalhal C.
Un equipo de fútbol - selección o club - no puede ser únicamente el resultado de un orden impuesto desde la dirección técnica. Es obvio que debe existir un modelo de juego y que a partir de su aceptación, todo debe girar en torno a convertir esa idea en un proceso exitoso. Pero no podemos ni debemos olvidar que para que esta sentencia se haga realidad es necesario fomentar la aparición de las cualidades técnicas de cada uno de los jugadores, sus detalles individuales y su creatividad, siempre en función del bien colectivo.
¿Cuantas veces escuchamos frases como que tal o cual equipo ganó por ser un conjunto ordenado, táctico y bien trabajado? Son lugares comunes, kriptonita para la curiosidad y el análisis porque, mi estimado lector, todo equipo, gane o pierda, posee las tres virtudes antes mencionadas. Quizá no en un mismo grado, pero todos los conjuntos son trabajados, poseen orden y tienen noción táctica. El tema pasa por otro lado y, a pesar de sonar contradictorio, tiene que ver con el desorden y cómo identificar los momentos en los que debe aparecer ese detalle que genere confusión al rival y se adapte al concepto de colectivo.
Xavier Tamarit, Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la Universidad de Valencia, en su fantástico libro ¿Qué es la “Periodización Táctica”? nos deja una reflexión que bien puede clarificar lo que trato de explicar: “Esto lo conseguiremos si conseguimos operacionalizarla en el entrenamiento. O sea, que esta creatividad/libertad sólo se consigue al vivenciarla. Esta vivencia de creatividad intencional que buscamos debe darse en el entrenamiento. Difícilmente se dará, entonces, si el entrenamiento es analítico y descontextualizado de lo que es el `jugar´”.
La Vinotinto tiene una idea clara de juego. Lo que preocupa, más allá de saludar la existencia de una hoja de ruta, es la ausencia de ese detalle creativo o la falta de acompañamiento del grupo en ese momento cuando, a través del caos que genera el gesto individual, se puede sacar provecho de la confusión del rival.
Ante Japón, Nicolás Fedor dispuso de una ocasión en el área rival cuando apenas habían transcurrido escasos minutos (segundo 30 del video) de haber comenzado el partido. Se quitó a un rival de encima, y cuando levantó la cabeza para buscar a un compañero, no había nadie que con su presencia hiciera de ese movimiento anárquico algo más que una simple ocasión de gol. Y esto es lo que preocupa pensando en los próximos partidos por las eliminatorias.
De visitante, y tomando como punto de partida el hecho de que en este premundial los equipos se hacen muy fuertes en casa, es casi seguro que nuestra selección goce de contadas oportunidades de gol como la que tuvo Fedor en aquel partido amistoso. No se trata de preveer el resultado, pero en nuestro continente se juega con tal cautela que no nos debería extrañar que se jueguen dos partidos muy cerrados. Si además hay una clara inclinación a hacer de la selección un equipo mecanizado, en donde la creatividad que destruye momentáneamente ese mecanismo no goza de compañía, se hará muy difícil traer resultados positivos.
Fomentar la inventiva en función del equipo parece ser la asignatura pendiente en esta versión Vinotinto. La cantidad de puntos conseguida hasta los momentos le han dado un colchón de tranquilidad al cuerpo técnico, pero a medida que pasan los días, ese espacio de confort se ha ido reduciendo. Quizá sea el momento de identificar las cualidades de los jugadores convocados y generar sociedades, compañías, entendimientos, necesarios todos para que cada vez que, por ejemplo, Juan Arango reciba el balón, no tenga como opción más segura lanzar un pelotazo de 30 metros, sino que pueda contar con un Gabriel Cichero que se proyecte, un Luis Seijas que se acerque y dos delanteros que estén en constante movimiento. En fin, opciones para generar sociedades y posibilidades para que existan los espacios necesarios para una jugada colectiva o un detalle individual.
La vida nos pide que identifiquemos los distintos retos que nos propone y, en el momento adecuado, dar un paso hacia adelante, asumiendo riesgos. Este viernes, ante Perú, existirá una oportunidad para salir de la comodidad y dar un golpe a la mesa.
Amanecerá y veremos…
“Debemos crear, por tanto, un entrenamiento que operacionalice esta creatividad/libertad de la que estamos hablando, de modo que la vivenciemos siempre dentro del Modelo de Juego que queremos conseguir y de los Principios y Subprincipios que lo conforman”. Xavier Tamarit
Cunha e Silva 2.002 explicando la relación de orden y desorden existente en el fútbol.
Citado por Xavier Tamarit, libro ¿Qué es la “Periodización Táctica”? 2010

Confundimos orden con anarquía. Asumimos que un equipo, cuando no aparece el brillo de su juego, gana porque fue “ordenado”, como si los grandes conjuntos de la historia no hubiesen tenido, entre sus cualidades, esa capacidad de organización. En este juego debe haber algo de desorden, de espontaneidad, si no, se convierte en un videojuego, en donde las reacciones son anticipadas por obra y gracia de un control. ¡Eso no es fútbol!
Ese Barcelona que tanto se admira tiene una gran cuota de desorden en su orden. Para entender semejante afirmación, que bien puede parecer una contradicción, hay que leer y entender la teoría del caos, aquella que se define como: “la denominación popular de la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias que trata ciertos tipos de sistemas dinámicos muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro; complicando la predicción a largo plazo”.
Es decir, un conjunto que sólo se maneje bajo las instrucciones del entrenador; que rechace la espontaneidad como parte de toda actividad humana y que ante la duda, asume la parálisis en vez de reaccionar según su instinto y sus condiciones innatas, no es un equipo ordenado sino un grupo de seres humanos mecanizado, derrotable y previsible.
Ahora bien, si usted jugó al fútbol sabe que en un momento de presión, cuando el tiempo de decisión es mínimo, es lo que tenemos muy dentro de nosotros lo que nos lleva a elegir un camino. A eso llamamos cualidades innatas. Me explico: si el fútbol no se puede enseñar -de lo contrario abundarían los clones de Pelé y Maradona- menos aún se puede obligar a una persona, atleta en este caso, a reaccionar como otros desean. Entonces, el deportista, más allá de estar influenciado por el trabajo táctico de la semana, decidirá acorde a las características propias que más comodidad le hagan sentir al jugador: aguantar y pisar el balón, despejarlo, disparar o jugar de taco.
Es pertinente aclarar que la intención de esta exposición no es menoscabar el trabajo de los cuerpos técnicos ni discutir la importancia de su conformación. Sí aspiro a que pongamos todo en su justa medida y entendamos qué deciden los jugadores, con las cualidades propias y las herramientas que durante la semana haya aportado el entrenador y su cuerpo técnico.
Por eso, al hablar de orden en el fútbol debemos ser muy cuidadosos y recordar que en toda actividad humana hay que abrazar la posibilidad del desorden como un aspecto con el que hay que convivir y saberle sacar provecho. Reitero, lo contrario es acercarnos al videojuego y a la ausencia de un análisis completo.
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